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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Biografia Apostol Dr. Othoniel Rios Paredes

El ministerio ELIM se inició en la ciudad de Guatemala en año de 1963 bajo el liderazgo del Dr. Othoniel Rios Paredes, profesional prominente en el campo de la medicina y cirugía, quien fue llamado sobre naturalmente a pregonar el Evangelio de Jesucristo, cambiando la curación de cuerpos por la sanidad de almas.
El ministerio comenzó en un pequeño garaje de una casa que albergaba un grupo de de 15 personas, constituidas en tres familias. Luego se construyó un primer templo para 300 personas, seguidamente un segundo para 2,000, el cual fue abarrotado antes que concluyera su construcción en 1,972. posteriormente el crecimiento fue tan acelerado, que se hizo necesario el traslado de la congregación a las bodegas de un supermercado, logrando reunir de 2,000 a 3,000 personas.
Apóstol Dr. Othoniel Ríos Paredes (1927-1998)
Corría el año de 1962 cuando el Dr. Othoniel Ríos Paredes, fue alcanzado por Dios durante una campaña evangelística. El ministerio del Dr. Ríos, desde muy temprano se caracterizó por experiencias personales con Dios, por medio de su Espíritu Santo, que más tarde, serían el respaldo para ese legado doctrinal del cual hoy disfrutamos, y que sabemos que Dios seguirá proveyendo por medio de los siervos que está levantando.
Quizá la experiencia que marca el inicio del avivamiento que ha seguido al ministerio de nuestro hermano Otto, es el bautismo del Espíritu Santo. Sucedió en la sala de su casa. El hablar en lenguas del Espíritu fue para él, una experiencia nueva que fue seguida por la manifestación de los dones del Espíritu en la congregación.
Durante los cultos, uno a uno se fueron mostrando los nueve dones del Espíritu (1 Cor. 12:7-10), como una confirmación a la interrogante que había en la mente del hermano Otto en cuanto a la vigencia para este tiempo del bautismo en el Espíritu Santo y la manifestación de los dones del Espíritu, así como de los cinco ministerios. En relación a esto debemos recordar que en las iglesias evangélicas de la época no había revelación en cuanto a estos aspectos de la sana doctrina.
La escritura dice que Dios es el que da el crecimiento (1 Cor 3:7), y en el caso de Elim, esto se hizo realidad, pues en la medida que el hermano Otto y la congregación, se sujetaban a la guianza del Espíritu Santo, disfrutando de la vida de abundancia que proporciona la llenura del Espíritu Santo, y trabajaban en la obra, el número de miembros crecía rápidamente y, día a día, se añadían más y más almas a la Iglesia de Cristo.
Simultáneamente con el crecimiento se daban milagros, señales y prodigios dentro de las congregaciones, y que indudablemente eran de gran bendición para aquellos que los experimentaban o veían de cerca. En ese sentido nuestro Apóstol siempre nos enseñó que las señales siguen a los que creen, pero que primero es la palabra, y la obediencia a ésta, llevando una vida de consagración. Por eso nunca le escuchamos hacer alarde de los prodigios que se daban en la congregación.
También sabemos que Dios es galardonador de los que le aman, y esto se hizo realidad en la vida del hermano Otto en 1982 cuando, en su lecho de enfermo, pasando por una tremenda prueba en la que estuvo a punto de perder un brazo, lo visitó Jesucristo para confirmar el llamamiento apostólico. Hoy podemos decir con certeza que nuestro amado apóstol corrió la carrera, peleó la buena batalla, y guardó la fe. ¡Aleluya!
Sería muy difícil estimar con exactitud el número de almas que recibieron al Señor en la Iglesia que pastoreó el Dr. Ríos durante los 37 años de ministerio, pero estamos seguros que se cuentan en varias decenas de miles. ¡La honra y la gloria sean para Dios!, a quien el Dr. Ríos siempre la dio con humildad, reconociéndose únicamente como un siervo de Jesucristo.
La magnitud de la labor que Dios realizó por medio de su siervo es mucho mayor, si consideramos que durante su ministerio en esta tierra, fundó cientos de iglesias en diferentes países de América y de otros continentes. En esa labor apostólica engendró y discipuló a cientos de ministros que el Señor ha llamado a servirle en los cinco ministerios. Muchos de los cuales, con su trabajo han continuado haciendo crecer el número de los que se agregan a la Iglesia de Cristo.
El legado de doctrina revelada que nos fue trasladado por medio del Dr. Ríos es abundante, se necesitaría de muchos tomos para escribir en su totalidad lo que compartió desde el púlpito y en los diferentes grupos de estudios pastorales. Mucha de esa revelación puede bendecir aún a aquellos que tengan la oportunidad de escucharla o leerla.
El hermano Otto nos dejó, pero cuando analizamos su caminar y lo confrontamos con la Escritura, nos damos cuenta con gozo, que en nuestro amado hermano Otto se cumplieron las señales de un auténtico apóstol del Espíritu: vio a Jesucristo resucitado; su trabajo en la obra se tradujo en el establecimiento de cientos de iglesias, provocando la expansión del reino de Dios; recibió por medio del Espíritu doctrina revelada que traslado, bendiciendo grandemente al cuerpo de Cristo; su caminar en la obra siempre fue con la autoridad que proviene de Dios, acompañada de una gran misericordia.
Nosotros no podemos dar gloria a los hombres porque esta le corresponde solamente a Dios, pero sí podemos darle gracias a El, por habernos regalado un apóstol que nos bendijo y cuyo principal legado y ejemplo que nos dejó es el amor a Dios mediante un mensaje eminentemente Cristo-céntrico, guiado siempre por el Espíritu Santo. ¡Gloria a Dios!
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